miércoles, 5 de octubre de 2011
Ya sé por qué no la quiero. No lo sabia y ahora lo sé. Bien. Esto tiene significado, además de que implica que no soy un imbecil como todos me decian. No la quiero porque la encuentro mentirosa, engañina, indecisa. La detesto porque tengo la convicción de que juega conmigo, de que juega a quererme, que me llama, como si fuera yo un gato, esperando que me acerque, que tome su confieza y me siente en sus piernas. Y ella sabe, y yo también, que una vez en sus piernas ya no tengo vuelta atrás. Y que no hara falta mucho tiempo para que sea ella la que me deje, para que invente algunos de sus dramas adolescentes, y yo quede como un gato imbecil una vez más. Porque NO-LE-CREO, y aunque me digan lo que digan, NUNCA LO HARÉ, porque cada día que pasa, cuando tengo la oportunidad de estar a ciegas con ella, un ratito, un viaje cósmico, es ella misma incluso la que me lo dice, con gestos, a veces con palabras, con miradas vacias que no van hacia ninguna parte, y por supuesto menos aun dirigidas a mi. Bien, ese es el punto. Hice mi punto. Qué carajo, la verdad. Me habria gustado tanto, pero tanto quedarme con ella. Cambiarla de ropa, quererla, sanarla, bañarle, hacerle el amor, despertarla en la mañana, besarla cada vez que la muy puta se sintiera sola. Tengo todos estos sentimientos en mi, sentimientos limpios, no como los de ella. Porque yo la habria querido PARA BIEN, y la habria querido para siempre, además. Pero no. Con ella no se puede. Es como si fuera Batman o un animal de esos que esconden las manos detrás de su espalda y te miran con codicia. Quizás antes me habria tirado como un kamikaze a sus brazos, y me habria importado una mierda si después me hacia sufrir o no. Pero las cosas han cambiado. No me dejaré herir por nadie, ya lo dije una vez. Y menos por esa zorra puta cabrona... MENOS por ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
las historias se repiten, esta es mi historia =). saludos
ResponderEliminar